Este artículo en audio hecho por ordenador. Las creencias 6ª parte

 

Ya hemos mencionado el hecho de que las creencias ignoran su naturaleza de creencias y se posicionan como evidencias naturales. De igual manera, todo fenómeno cultural tiene tendencia a colocarse como fenómeno de la naturaleza. No solo nuestras formas de pensar, de percibir y de comprender el mundo y sus acontecimientos están mediatizadas por la cultura, lo que en ocasiones nos molesta admitir..., sino también nuestros gestos, nuestra forma de sentarnos, de comer, de caminar, de tener relaciones sexuales, etcétera; pensamos que son las cosas más naturales del mundo y, en realidad, llevan la marca de nuestras referencias culturales .

 

El caso de la alimentación es un excelente ejemplo: los gustos y los rechazos, hasta los muy naturales reflejos de náusea, son desencadenados por elementos culturales. Es la cultura la que decide con toda claridad lo que es bueno, lo que puede comerse y lo que no es comestible.

 

La realidad es ambigua. Las palabras, las frases, el comportamiento, la enfermedad, son ambiguos. El mundo entero es ambiguo y pone en evidencia la actividad de nuestras creencias. Porque podemos soportarlo todo salvo un mundo que no signifique nada. El ser humano, en todas las latitudes, manifiesta una necesidad fundamental de pensar que las cosas tienen un sentido, que responden a un orden, a una lógica...; es libre de construir sistemas filosóficos o teológicos elaborados en extremo, a pesar de su antropocentrismo evidente. Como decía el insolente M. de Voltaire, «Dios creó al hombre a su imagen y este le devolvió el favor». Un mismo objeto, un mismo acontecimiento, puede contener muchos sentidos diferentes. El ser humano siente la necesidad de otorgar un sentido a los acontecimientos, sobre todo cuando son inesperados, aleatorios o incontrolables. Para ello, crea teorías, culturas, mitos y religiones que le permiten representar los acontecimientos e inscribirlos en un conjunto significativo. Nada es más insoportable para el ser humano que el absurdo; es decir, lo que no está pensado, elaborado a nivel psíquico. La peor situación es permanecer en el porqué, en el sinsentido, no haber podido llegar a la representación interna por falta de sentido o por el exceso de angustia que esta representación pudiera implicar.

 

EN BUSCA DE SENTIDO

 

Uno de los elementos que permiten proceder a esta elaboración psíquica es la capacidad de atribución de sentido. Con ello, toda creencia ejerce una función positiva en la economía psíquica, cualesquiera que sean sus efectos, a partir de la comprensión de vivencias de sufrimiento y discursos de lamentos.

En su acercamiento terapéutico llamado logoterapia, el psiquiatra austriaco Viktor Frankl ha resaltado la importancia de encontrar un sentido a la vida, y para ello, construir una red de valores y de creencias estructurantes.

La logoterapia, que contiene la palabra griega logos, «razón, explicación», se centra en la búsqueda del sentido de la vida y de los valores, mientras el análisis existencial apunta a una vivencia libre y responsable, a la reflexión del hombre sobre su unicidad y su singularidad.

Frankl considera la necesidad de sentido como una fuerza de motivación innata según la cual el ser humano no puede, en ningún caso, dejar de desear una vida llena de sentido. Si aparecen sentimientos de frustración o de vacío, es la señal de que se desarrolla en sí un debate consigo mismo y con los demás sobre el valor de su propia vida.

V. Frankl, una de las causas más importantes de las neurosis o de otras enfermedades psíquicas reside en la pérdida de sentido, lo cual se entiende, al mismo tiempo, como pérdida de orientación (¿dónde?) y de significación (¿por qué?).

Frankl se sitúa en una línea existencialista. El sentido no es una idea abstracta, una opinión, sino que está anclada en cada vida humana. Es justo con la pérdida de sentido, con la desesperanza, cuando aparece la necesidad de sentido. No puede «poseerse» el sentido, sino solo vivirlo, cumplirlo. El individuo tiene necesidad de experiencias portadoras de sentido.

Descubrir un sentido en la vida no es un lujo, un accesorio del hombre moderno en el mundo; es una necesidad existencial fundamental.

 

 

Los GRANDES TERRENOS DE BÚSQUEDA DE SENTIDO

 

Aunque las creencias son innumerables, conciernen a temáticas fundamentales que pueden agruparse en varias categorías:

             Uno mismo        • Los demás, el otro

             El mundo            • El futuro

             La vida, la muerte           • La salud, la enfermedad

             Dios

 

Estos elementos intentan ofrecer respuestas a las preguntas fundamentales que se formula el ser humano en su esfuerzo por encontrar un sentido a su vida y a lo que le sucede:

             ¿Quién soy yo?

             ¿Quiénes son los demás?, ¿qué puedo esperar de ellos?

             ¿Cuál es mi lugar en el mundo?

             ¿Cuál es mi futuro?, ¿obtendré lo que deseo?, ¿de qué manera?

             ¿Es mortal el ser humano o inmortal?, ¿hay una vida después de la muerte?

             ¿Qué es la enfermedad?, ¿de dónde vienen la enfermedad, la  desgracia, la adversidad?, ¿qué he hecho para merecer eso?

             ¿Quién es Dios?, ¿qué me pide?

 

De manera inconsciente y automática, hacemos un llamamiento a nuestras creencias cada vez que tenemos que realizar una elección. En

 

el fondo, cada uno de nosotros tiene pocas creencias en realidad, pero están activas de manera permanente. Y cuando las creencias cambian, cambian asimismo muchos aspectos de nuestra vida: nuestras elecciones, nuestras conductas y nuestros estados emocionales.