Este artículo en audio hecho por ordenador. Las creencias 7ª parte

 

De manera inconsciente y automática, hacemos un llamamiento a nuestras creencias cada vez que tenemos que realizar una elección. En el fondo, cada uno de nosotros tiene pocas creencias en realidad, pero están activas de manera permanente. Y cuando las creencias cambian, cambian asimismo muchos aspectos de nuestra vida: nuestras elecciones, nuestras conductas y nuestros estados emocionales

 

Creencias, sentido y salud

Cualquier enfermedad, ya sea somática o psíquica, es, bien entendida,

un fenómeno personal, una vivencia individual, pero también un fenómeno cultural. Su definición, su reconocimiento, el hecho de asumirla y su interpretación se fundamentan en los sistemas de valores y de creencias de la sociedad a la cual el individuo pertenece: «¿cuáles son sus causas?», «¿cómo debo interpretar tal o cual síntoma?», «¿cómo debo asumirla?», y, con mucha frecuencia, «¿por qué a mí?, ¿qué es lo que he hecho?».

 

La antropología de la salud nos invita a distinguir dos términos ingleses diferentes para hablar de una enfermedad: disease e illness. La primera de ellas evoca la enfermedad en tanto que objeto de la medicina, la enfermedad tal como es comprendida o explicada por la ciencia, mientras que la segunda se relaciona con la enfermedad tal como es vivida por el enfermo. Se trata, desde esta óptica, de cuestionar la enfermedad desde el punto de vista del enfermo, es decir, tanto la representación que se hace el enfermo de su estado como la vivencia subjetiva, experimental, de este. Porque el sujeto elabora, teorías alrededor de su estado, procede a una verdadera construcción y pasa de manera inevitable por una búsqueda de explicaciones, la búsqueda y la atribución de un sentido que responda a la pregunta «¿por qué?», y con frecuencia, «¿por qué a mí?».

 

La pregunta « ¿por qué yo?» se refiere a aquello que los psicosociólogos (Lerner) han identificado como «necesidad de creer en la existencia de un mundo justo». En el nivel de las representaciones compartidas a nivel social, esta necesidad tiene éxito en la formación de creencias como «las personas obtienen lo que se merecen» o «merecen lo que obtienen». Algunas tradiciones culturales o espirituales ven en la enfermedad —y, más allá de ello, en la adversidad— la manifestación de un desorden que sobreviene en el orden normal de las cosas.

 

Las atribuciones internas

Las atribuciones internas son aquellas mediante las cuales se atribuye la causa de un acontecimiento X a factores que emanan de las personas mismas. Se habla entonces de causalidad interna, o incluso de factores de disposición. Respecto a las enfermedades, la causalidad interna está muy extendida en Occidente. Esta causalidad atribuye la aparición de la enfermedad al estrés, a la angustia, al rechazo a expresar emociones, a la culpa por no haber puesto atención o por haber transgredido una prohibición moral o religiosa; la enfermedad sería, pues, como un castigo expiatorio.

 

Las atribuciones externas

Por el contrario, las atribuciones externas explican un acontecimiento X como resultado de fuerzas o de determinismos que emanan del ambiente. Se habla en este caso de causalidad externa o de factores situacionales. La causalidad externa de las enfermedades apunta a un origen exógeno: la alimentación, la contaminación, el ambiente, el azar. Las culturas africanas, por ejemplo, sitúan en primer plano las causalidades externas, como los poderes de los demás —brujería, divinidades, espíritus, etcétera—, en la interpretación de las enfermedades y de las desgracias. El origen de la enfermedad, de la desgracia o del sufrimiento está siempre fuera; estos acontecimientos o impactos son siempre entendidos como manifestaciones de una voluntad hostil, ajena al individuo.

 

En otros terrenos al de la enfermedad, por ejemplo, un fracaso en algún examen, este podría ser atribuido a una falta de esfuerzo o de inteligencia personal (causalidad interna / factores de disposición), o bien al hecho de que el tema era demasiado difícil y no correspondía a la tradición cultural del examinado (causalidad externa / factores situacionales).

Los psicosociólogos han señalado una tendencia general muy extendida a atribuir los éxitos a causas internas y los fracasos a causas externas.

La causalidad interna presenta el efecto de reforzar la ilusión de un poder sobre los acontecimientos. Es un efecto que responsabiliza, pero su contrapartida es la culpabilidad.

La causalidad externa le quita al sujeto toda responsabilidad, aun-que lo confronta con la angustia de la pérdida de control sobre los acontecimientos.

De acuerdo con A. Beck, pionero de las terapias conductuales y cognitivas, el sujeto depresivo se maltrata a sí mismo a través del ma­nejo equivocado de la información, por ejemplo, cuando procede a ge­neralizaciones o cuando se atribuye a sí mismo la responsabilidad de todo lo que no le funciona (personificación).

Sus ideas negativas se dirigen hacia sí mismo, hacia el mundo y hacia el futuro. Esos pensamientos («cogniciones») llevan en sí la emer­gencia de una vivencia emocional negativa y dolorosa y la adopción de conductas de repliegue depresivo.

El trabajo terapéutico en este enfoque conduce a interrogar al pa­ciente sobre lo que se dice a sí mismo en su discurso interno («pensa­mientos automáticos») para situarse en tal estado de malestar. Es el momento de determinar los sistemas de atribución utilizados, así como los errores lógicos que se hallan bajo de esos pensamientos, y proceder a realizar ejercicios de reestructuración cognitiva.

En ocasiones se utiliza un esquema para ayudar a los pacientes y a los terapeutas a situar y a organizar los diferentes datos.

 

Ejemplo

 

Situación (contexto)

Emoción

Pensamiento (discurso

interno: lo que me digo para ponerme en ese estado)

% de creencia en este caso

Reestructuración

del pensamiento (lo que podría decirme para sentirme mejor en esta situación)

% reevaluado

Emoción reevaluada

Mi hija fracasó en el bachillerato

Tristeza

90% Coraje

20%

Es culpa mía; soy una mala madre

95%

No hay fracasos, sólo aprendizajes

10%

Malestar 5%

El profesor me

interroga

Vergüenza 80%

Tristeza

50%

Los demás van a pensar que no valgo nada

90%

El aprendizaje

se logra por ensayo y error. Estoy aquí para aprender. No saber responder una pregunta no

significa que yo no valga nada.

15%

Malestar 5%

 

Las creencias principales que se encuentran entre las personas depresivas tienen características de diferentes esquemas. Se trata principalmente de los siguientes:

 

             Esquema de amor: «Para ser amado, debo ocuparme de todo el mundo. No puedo tener conflictos con nadie». «Soy desgraciado si no me siento amado de manera incondicional».

             Esquema de perfeccionismo: «Debo hacer a la perfección todo lo que tengo que hacer; si no, no valgo nada».

             Esquema de éxito: «Si no logro el éxito en todo lo que hago, significa que soy estúpido o incompetente».

             Necesidad de ser aprobado: «Tengo el sentimiento de tener valor si (todos) los demás aprueban (todo) lo que hago y lo que digo».

             Derecho a la consideración de los demás: «Es necesario que las personas sean (siempre) amables, honestas, sacrificadas, estén disponibles...».

             Código moral personal: «Debo ser siempre amable, honesta, sacrificada, y estar disponible; si no, soy un monstruo».

             Esquema de omnipotencia: «Debo ser autónomo por completo. Tener necesidad de los demás es un signo de debilidad y de dependencia».

Como puede observarse, los esquemas cognitivos básicos están, en esencia, constituidos por creencias que conducen a una misma temática. Consideramos que una creencia no es jamás ni verdadera ni falsa. La petición que se hace es, simplemente, saber si es o no pertinente, adaptada y funcional. ¿Es coherente con el movimiento incesante de la vida?.