Este artículo en audio hecho por ordenador. Las creencias 10ª parte

 

El inconsciente está dividido

 

El ser humano es comparable a una vasta morada que posee numerosos cuartos, salas, corredores, cavas, graneros, recovecos y mazmorras. Algunos de esos lugares ya no son visitados por el propietario, quien redujo su espacio de vida a algunas piezas. Ya no pone su conciencia sino solo en estas; los demás espacios se convirtieron en dominio del inconsciente. Pero de esos lugares provienen voces que transmiten órdenes, mensajes, exhortos. En ocasiones surgen conflictos, órdenes contradictorias; por ejemplo, entre la cocina y la cava. La cocina es el lugar donde colocó su conciencia; tiene deseos de comer no solo para sobrevivir de manera elemental, sino también para obtener placer; pero de la cava le llega un mensaje según el cual no hay que comer. Sin dar ninguna razón. O, por razones olvidadas, quizá para defenderse de una madre tóxica. Del granero llega otro mensaje, como el de que hay que comer para complacer a mamá... Existe un conflicto entre estos mensajes contradictorios, lo cual implica un comportamiento que provoca sufrimiento, una doble obligación.

 

Cada uno de nosotros siente la necesidad de vincularse; precisa, para funcionar y estar en equilibrio general, que las informaciones circulen en el interior de la morada con todas las ventanas abiertas. Como esos pacientes de quienes acabamos de hablar, que han vivido una experiencia muy fuerte, un trauma, acompañado por el miedo a morir cuando tenían uno o dos años de edad, en su nacimiento o incluso en la vida intrauterina... Estas personas tienen cuarenta o cincuenta años

 

de edad en la actualidad. Saben, como es lógico, que no van a morir durante el nacimiento o en un bombardeo. Sin embargo, una parte de ellos no lo sabe. El psiquismo está dividido por mecanismos como el rechazo o la disociación.

 

Una experiencia muy fuerte, que produce un trauma, desborda las capacidades de contención y de integración del psiquismo, el cual no puede integrarla en la estructura de la personalidad sin ponerla en riesgo de una amenaza de desestructuración. Esta experiencia forma, en el interior de la psique, un cuerpo extraño. Se encierra en una habitación aparte, la cual no está vinculada con el resto del grupo interno. Es un mecanismo de disociación que se moviliza para permitir la supervivencia del sujeto. Pero en ciertas ocasiones, en ciertas situaciones, ese cuerpo extraño se reactivará y tomará la parte central de la escena psíquica, propiciando el surgimiento de descargas emocionales, de comportamientos bizarros en los cuales el sujeto no se reconoce a sí mismo, y, sobre todo, a las enfermedades.

 

Es uno de los efectos del trauma y del mecanismo de disociación. Y es toda la experiencia, con sus componentes emocionales, afectivos, temporales, espaciales, cognitivos, de recuerdos, etcétera, la que forma una especie de guion que se halla enquistado en la psique y desintegrado del resto de la personalidad.

 

Esta parte de la psique puede tomar decisiones, realizar elecciones profesionales o sentimentales, del comportamiento, somáticas (enfermedades)..., decisiones que no toman en cuenta al resto de la estructura ni al mundo exterior, y que pueden incluso estar en conflicto o en oposición con los demás componentes de la personalidad.

 

De aquí surgen las preguntas: ¿quién dirige nuestra vida?, ¿son los demás o nosotros?, ¿nosotros hoy o nosotros ayer?, ¿quién, en nosotros, nos gobierna?

 

Cuando Freud escribió que «el Yo no es el dueño de su morada», quería decir que quien dirige es el inconsciente, organizado alrededor de toda esa red de creencias y estructuras, de fantasmas y escenarios inconscientes que repetimos. Y actuamos sin cesar... e integramos a los demás, a quienes están cerca de nosotros, en nuestro entorno, en nuestros propios escenarios, y los hacemos representar papeles que no les pertenecen.

 

El cerebro ignora que la guerra ya ha terminado. Como expresó Freud, el inconsciente no conoce el tiempo. Una experiencia que tuvo lugar hace treinta o cuarenta años siempre está presente. El inconsciente solo sabe conjugar en presente

 

Es el sentido lo que hace sufrir, no el suceso. Por tanto,  hay que cambiar el sentido (es decir, la creencia) y no el suceso.

 

En nuestras prácticas terapéuticas, desde que existe la terapia existe la acción sobre una creencia que se viva de manera consciente o in-consciente, voluntaria o involuntaria. El terapeuta va a permitir la transformación, la elaboración, el desarrollo, el trabajo sobre las creencias. Diría también que si no hay trabajo directo o indirecto sobre las creencias, no hay terapia. Al finalizar la terapia los pacientes nos dicen: «Ya no veo las cosas de la misma manera; las cosas son diferentes».

 

El hecho de ser conscientes de ello aumentará la pertinencia y la eficiencia de las intervenciones terapéuticas.

 

Saber definir, señalar y nombrar las creencias permite, con frecuencia, llevar al cabo una terapia breve, si es útil que sea rápida, aunque no siempre es el caso.

De un modo u otro, no podemos escapar de las creencias. Estas se encuentran en el núcleo mismo de nuestra estructura y organización psíquica.

Hacer un trabajo de conciencia y de transformación de nuestras creencias representa, a nuestros ojos, abrirse a una nueva realidad, una realidad que no es otra más que un camino hacia uno mismo.

 

Llevar a cabo una terapia centrada en las creencias limitantes conlleva varias etapas que es conveniente franquear una a una en un ambiente de respeto y de seguridad, porque no se toca una creencia como se corta una flor. Es todavía más delicado y, por otra parte, más consecuente...

 

He aquí la secuencia que puede darse:

1.            Establecer una relación de calidad (confianza, seguridad, permiso, paciencia) que permita la confidencia y la introspección.

2.            Definir la creencia limitante activa o responsable del problema.

3.            Desestabilizar esta creencia.

4.            Definir una creencia generadora (de apertura).

5.            Verificar esta creencia: ¿es ecológica (sin inconvenientes)?, ¿reemplaza por completo a la creencia limitante?

6.            Instalar la nueva creencia.

 

ATENDER EL CONFLICTO

 

Atender el conflicto 1 es tratar la emoción en el conflicto, ponerla en movimiento; es decir:

1.            Definirla

2.            Reconocerla

3.            Recibirla

4.            Aceptarla

5.            Eliminar así la identificación con esta

 

No obstante, atender el conflicto sin tratar la creencia sería un trabajo incompleto, así como tratar la creencia sin tocar la emoción.

Por el contrario, tener en cuenta estas dos dimensiones es profundamente terapéutico.

En terapia, la mayor parte del tiempo el terapeuta dirige sus intervenciones sobre la creencia y la transformación de las emociones. Sin embargo, eso aún debe ser revisado, y puede hacerse según los puntos siguientes:

             Permanece la emoción en ti cuando recuerdas el trauma?

             ¿Cuáles son tus creencias sobre ti mismo, sobre los demás, sobre la vida en pareja y la sexualidad?

             'Son limitantes estas creencias?

 

La terapia centrada en las creencias deberá tener en cuenta el conflicto emocional y respetar el ritmo del sujeto, bajo el riesgo de perjudicar la relación, debido a que, como ya comentamos en la primera parte, estamos atados a nuestras creencias, porque son estas las que nos atan al mundo y nos permiten habitarlo.

En lugar de atacar nuestras creencias, y antes de querer transformarlas, es necesario que aprendamos a conocerlas, que entendamos su función, su lugar en nuestra vida y en la de nuestros seres cercanos, y, para ello, la curiosidad es la más eficaz de las vías.

La primera etapa consistirá en establecer una relación de calidad, necesaria para que la persona pueda ponerse en contacto con los contenidos intrapsíquicos dolorosos o más o menos atemorizantes, y que pueda nombrar lo que tiene valor y sentido para ella, porque esto es algo muy inconsciente, muy íntimo. Es como el acto de desnudarse.

 

1.  etapa: establecer una relación de calidad.

2.  etapa: definir la creencia limitante, activa y responsable del problema.

3.  etapa: desestabilizar una creencia.

4.  etapa: definir una creencia generadora, de apertura.

5.  etapa: verificar la creencia generadora.

6.  etapa: instalar la nueva creencia.