Este artículo en audio hecho por ordenador. Las creencias 17ª parte

 

«Ahí donde se concentra mi atención, la energía surge».

 

¿Qué has aprendido sobre ti mismo, sobre tus creencias, sobre la manera en que tus representaciones de ti mismo y del mundo dan forma a tus experiencias y colorean tus emociones? ¿Qué cambios habrán comenzado a desarrollarse en ti? ¿De qué manera o en qué terrenos aplicarás lo que has encontrado interesante en este libro? Dentro de unos minutos cerrarás este libro, nosotros nos alejaremos y tú te encontrarás contigo mismo; tú y el mundo, tu mundo.

 

¿Creer o no creer...?

 

Por nuestra parte, el trabajo de búsqueda, de reflexión y de práctica que esta obra ha requerido nos ha guiado hacia una nueva frontera. A un lado, el mundo de las creencias estructuradas, organizadoras, tanto limitantes como generadoras; al otro, el espacio infinito de la vida o, más bien, de la relación directa con la vida «fuera de la creencia»; sin embargo, ¿será posible alcanzar una experiencia pura, inmediata y sin intermediarios, desnuda de todo pensamiento necesario, de toda representación?

 

Como has podido ver en esta obra, muchas de nuestras creencias son desconocidas para nosotros, son inconscientes. Podemos decir que el conjunto de hechos que nos suceden todos los días es justo lo que nosotros creemos. Pero estas creencias suelen estar ausentes de nuestra conciencia ordinaria. Si tomamos la decisión de ser conscientes de nuestras creencias, estas emergerán y lograremos identificarlas. Una vez que lo hagamos, nuestros conceptos serán cada vez más claros, como cuando salimos de una zona con bruma, y podremos entonces decidir creer o no creer en lo que se nos presenta.

 

 La hipótesis que hemos sostenido a lo largo de estas páginas es que, en última instancia, el gran ilusionista no es otro que nosotros mismos.

 

Estamos multicondicionados. Nuestro espíritu es manipulado, nuestro juicio, influenciado, desviado, pervertido, ensuciado, por un conjunto de circunstancias; quizá también por un error de etiqueta, y lo que es más grave aún, tal vez «por otra persona».

 

Hablamos de una creencia, nada más que eso. Pero la creencia genera una distancia entre tú... y tú'. Entre el «yo observador» y el «yo que siente». La creencia toma el lugar de tu opinión y te roba  tus verdaderas emociones.

 

En ocasiones, esta creencia se manifiesta bajo la forma de un pensamiento interno que le habla al sujeto. Son frases enunciadas en segunda persona. Comienzan por «tú» y no por «yo»; por ejemplo: «no  debes hacerlo», «es demasiado bueno para ti», en lugar de «no debo hacerlo», «es demasiado bueno para mí».

 

                Elige un recuerdo personal preciso, que todavía sea doloroso, y deja llegar de manera espontánea la palabra que califica y que define esta experiencia: calamidad, desgracia, sufrimiento, mala suerte, etcétera.

 

                Visualiza a la vez el recuerdo y su etiqueta, como un cuadro con el título colocado abajo.

                A continuación, de una lista de nuevas etiquetas, decide las que sean de apertura, agradables («oportunidad para crecer», «símbolo de sabiduría», «manifestación de lo absoluto», «guiño del ojo de Dios», «mensaje secreto», «prueba de mi valor», etcétera).

                Visualiza tu recuerdo y coloca, una a una, cada etiqueta nueva debajo del cuadro.

                ¿Cuál es, con cada una de las etiquetas, tu emoción, tu impresión? ¿Cuál de todas es la más estimulante, la más útil, la que mejor se adapta?

                Permanece algunos instantes con tu recuerdo y la etiqueta agradable y de apertura que has elegido.

                Vuelve a realizar esta asociación (recuerdo / etiqueta buena) varias veces al día durante al menos tres semanas.

 

Con objeto de que la experiencia se convierta en una metaexperiencia, es decir, en una experiencia que englobe a varias y las rebase, utiliza en múltiples ocasiones este protocolo para otros recuerdos negativos. En un momento determinado se instalará en ti una meta-creencia, una creencia que engloba y rebasa a muchas creencias. Esta creencia será:

 

«Es posible cambiar de creencias; uno jamás puede estar seguro de manera definitiva del sentido que se le da a un hecho».

 

Esta manera de cambiar la etiqueta —y, por lo mismo, el sentido—de un acontecimiento se llama en programación neurolingüística (PNL) reencuadre. Algunas personas saben hacerlo de manera natural. Yo me formé de esa manera o con esa habilidad y se lo agradezco a mi madre, porque es una facultad que me acompaña cada día, un recurso permanente, un joker o comodín en la vida.

 

Encuentra una experiencia triste, dolorosa.

 

Hazte esta pregunta: «¿Qué es lo que voy a aprender gracias a esta nueva experiencia? ¿Qué aprendizaje voy a vivir que no habría podido adquirir si las cosas no hubieran sucedido de esta manera, y esto en múltiples áreas en mi vida?

 

«Damos las gracias a los laboratorios farmacéuticos, que nos han ayudado a fortificar nuestra autonomía como practicantes al negarnos activamente su ayuda». Y citó a los laboratorios. He aquí un bello ejemplo de reencuadre.

 

No olvidemos jamás que las opiniones son conclusiones  sacadas de la experiencia. Compartir tus experiencias  permite al otro sacar sus propias conclusiones.

 

A partir de ahora, compartamos nuestras experiencias, no nuestras conclusiones.

Has leído nuestras experiencias. Saca tus propias conclusiones.

No nos creas a nosotros. Cree en ti.