Creencias y terapia

Creencias y terapia

Solo a través de la transformación de nuestras creencias y terapia podemos adquirir una salud estable y definitiva y un crecimiento personal genuino y verdadero. Creencias y terapia te puede ayudar a entenderte mejor tu vida y tus resultados.

El reputado terapeuta y pionero de la Descodificación Biológica Christian Flèche y el psicoterapeuta Franck Olivier desvelan en Creencias y terapia el inmenso poder de la creencia como ingrediente fundamental de toda enfermedad y a la vez como limitante primordial en todos los planos de la vida humana: pareja, profesión, familia y salud y bienestar. La primera parte de esta obra es teórica y en ella se describen el fenómeno y el mecanismo de las creencias: ¿Qué es una creencia? ¿Cuándo, cómo y por qué se establece una creencia?

Tenemos que aprender a detectar, modificar y eliminar nuestras creencias limitantes para recobrar la salud y erradicar las pautas erróneas. Y para ello aportan diversas técnicas muy efectivas inspiradas en escuelas avanzadas, tales como la orientación rogeriana, la gestalt o la PNL, método Yuen, Reiki, entre otras, que han seleccionado como resultado de su larga experiencia terapéutica.

Creencias y terapia es una obra didáctica, ilustrada con numerosos ejemplos, que resulta de gran utilidad tanto para terapeutas profesionales como para cualquier persona que desee asumir su propio proceso de sanación.

La ley de la vida
La ley de la vida

¿Qué son las creencias?

Una creencia es el sentimiento de certeza sobre el significado de algo. Es una afirmación personal que consideramos verdadera.

Las creencias, que en muchos casos son subconscientes, afectan a la percepción que tenemos de nosotros mismos, de los demás y de las cosas y situaciones que nos rodean.

Muchas personas tienden a pensar que sus creencias son universalmente ciertas y esperan que los demás las compartan. No se dan cuenta que el sistema de creencias y valores es algo exclusivamente personal y en muchos casos muy diferente del de los demás. Nosotros no vivimos la realidad en si, sino una elaboración mental de la misma. Lo que hace que la vida sea un constante manantial de esperanza y ricas alternativas o una inevitable fuente de sufrimiento. Lo que vivimos tal como lo vivimos, depende más de la representación y elaboración de nuestro mapa mental, que del territorio «real» en sí. Por lo tanto, el mapa no es el territorio.

A través de nuestro sistema de creencias y valores damos significado y coherencia a nuestro modelo del mundo, al que estamos profundamente vinculados. Cuestionar una de nuestras creencias puede desestabilizar todo el sistema al afectar a aquellas otras que se derivan o están relacionadas con ella. Esta es la razón por la que somos muy reacios, en muchas ocasiones, a modificar alguna de nuestras creencias.

Las creencias se forman a partir de ideas que confirmamos o creemos confirmar a través de nuestras experiencias personales.

Cuando una creencia se instala en nosotros de forma sólida y consistente, nuestra mente elimina o no tiene en cuenta las experiencias que no casan con ella.

Las creencias son una fuerza muy poderosa dentro de nuestra conducta. Es bien sabido que si alguien realmente cree que puede hacer algo, lo hará, y si cree que es imposible hacerlo, ningún esfuerzo por grande que éste sea logrará convencerlo de que se puede realizar. Todos tenemos creencias que nos sirven como recursos y también creencias que nos limitan. Nuestras creencias pueden moldear, influir e incluso determinar nuestro grado de inteligencia, nuestra salud, nuestra creatividad, la manera en que nos relacionamos e incluso nuestro grado de felicidad y de éxito.

Son ideas que en un momento determinado llegaron a nosotros y porque si creímos, como el que cree que mañana sale el sol. Las creencias se han ido formando, ocupando un espacio, una energía, se han ido materializando dentro de nuestros conceptos más arraigados. Vienen a partir de lo que nos han dicho, de lo que hemos vivido, son maneras que nosotros creemos tener y ser, y que vienen más de otras personas, educadores, padres, experiencias de nuestros padres, por los medios de comunicación o en el momento que algo nos ha sucedido muy fuerte y se ha producido una impregnación en nuestro consciente o en nuestro inconsciente. Creencias a veces escondidas en nuestro inconsciente, y que están teniendo una repercusión extraordinaria en nuestras vidas, y es difícil acceder a ellas.

Puedes cambiar tus creencias
Puedes cambiar tus creencias

Tipos de creencias. Existen dos tipos de creencias:

Creencias globales:

Son generalizaciones que hacemos sobre la vida, el mundo, las personas, etc.

Ejemplos: La vida es bella. La vida es dura. La gente es amable. Los perros son peligrosos. Las mujeres, los hombres son un desastre…

Reglas. Son pautas que rigen nuestro comportamiento.

Ejemplos: Si tengo un buen coche la gente me considerará. Si aprendo de mis experiencias y me desarrollo, tendré éxito en mi vida. Si tengo ingresos fijos, entonces tendré seguridad. Si afirmo mi personalidad, seré rechazado.

Las creencias, por otro lado, pueden ser potenciadoras o limitantes. Las primeras nos ayudan y potencian la confianza en nosotros mismos y en nuestras capacidades, permitiéndonos afrontar con éxito situaciones complejas. Las segundas nos restan energía y nos inhabilitan para afrontar determinadas situaciones.

Si nos creemos incapaces de aprender o consideramos que ya pasamos el período de nuestra vida en el que nos era fácil aprender cosas nuevas, estaremos bloqueando cualquier oportunidad de desarrollar nuevas competencias y habilidades.

También puede ocurrir que nos cueste mucho esfuerzo aprender muchas habilidades, porque al adquirirlas fácilmente nos quitarían la razón a nosotros mismos (de esta forma confirmamos nuestra propia creencia).

Para conseguir un pleno control de nuestra vida, debemos conocer cuáles son nuestras creencias esenciales, cambiar aquellas que nos están limitando y resolver los conflictos que pueden existir entre distintas creencias.

Cuando somos capaces de ver nuestras sombras y aceptar nuestras partes somos capaces de poner luz a nuestro camino. Es importante conocer nuestras creencias. Yo creo algo con respecto a lo que oigo, veo, vivo, hago. Yo puedo decir las mismas palabras a muchas personas, y cada una entender cosas distintas, porque cada uno tenemos creencias distintas.

¿Cómo se forman?

La creencia tiene que ver con la educación, y la primera infancia, donde nos enamoramos de nuestros padres, y hemos creído prácticamente todo lo que ellos nos han dicho. Que yo era buena o mala, que es difícil comunicarse con los demás, que los hombres no lloran, que la enfermedad es sufrimiento y culpa… No sólo lo que hemos oído, sino de lo que hemos visto. Cuando yo veo materializada la idea, por ejemplo, de que el mundo es un lugar peligroso o de que cuesta mucho ganar dinero, porque mi padre llega tarde a casa, porque le veo sufrir, le veo preocupado, porque vivo la escasez económica, que al final es escasez energética, porque veo materializado aquello que se dijo en un momento determinado, inmediatamente voy a llevarlo a mi vida, voy a convertirlo en creencia, y como consecuencia voy a materializarlo. Por eso es tan importante que tengamos conciencia de los pensamientos que nos abordan, y del lugar que esos pensamientos están ocupando en nuestra psique, en nuestro inconsciente.

Si yo tengo dentro de mí una creencia de «La vida es dura», de alguna forma yo estoy materializando o buscando en la vida dureza. Yo voy a convertir mi vida en algo difícil, porque debajo hay una creencia. Si tú crees que la vida es dura, tu vida es dura. No te vas a encontrar gente con esta creencia y que su vida sea fácil. Uno va llevando a la práctica lo que cree.

«Los hombres son agresivos», y yo te digo no eso es una creencia, y tu dices no es verdad, porque yo en mi vida no hago más que ver hombres agresivos, es que mi padre me pegaba, mi marido mi pega, y eso claro sostiene tu creencia, y yo doy poder a lo que creo, y el poder de mi mente es extraordinario. Si yo pienso que los hombres son agresivos, no voy a estar con hombres tiernos, respetuosos y delicados. Las creencias se han formado en nuestra primera etapa. Si a ti te han dicho de pequeño «tu no vales» y resulta que de mayor te echan de los trabajos, hay debajo una creencia de que no vales o no mereces, y ahí está el origen de que nos relacionemos con personas que nos confirman y vienen a ratificar lo que tu has creído.

Una creencia de «los hombres siempre me dejan» va a llevar siempre una experiencia, a través de la cual consigo materializar la idea, siempre al final los hombres me dejan.

La verbalización

No puedes ir en contra de tus ideas, por lo tanto, es tu mente, el vehículo por el cual tú vas a tener un tipo determinado de vida. La paz se consigue cuando somos capaces de unir la mente con lo que decimos y lo que hacemos. La verbalización, es darle fuerza al pensamiento, convertir en sonido la idea. La palabra es tremendamente poderosa, el verbo se convierte en acción, puedes comprobarlo prestando atención a tu forma de hablar, a como nos comunicamos con los demás, a lo que decimos en la comunicación. A cada momento estoy hablando de mí, cuando defino a lo que me rodea, y a quienes me rodean, es muy importante ese nexo de unión entre mi pensamiento y mi palabra, y que me hace plasmar fuera, lo que creo que se de mí. Un «yo no voy a poder» «va a a ser difícil» «lo intentaré, pero», está lanzando fuera de mi una energía, que va a materializarse en un acto muy concreto. Va a convertir en realidad lo que he dicho, y de nuevo podré ralentizar y comprender que lo que he pensado, se ha convertido en palabra, y la palabra se ha convertido en materialización. Lo que pienso, lo que digo y lo que hago, está siendo la semilla de lo que voy a recoger. Es importante tomar conciencia, porque eso puede cambiar nuestra vida. Puedo cambiar desde el momento, que puedo localizar esos pensamientos que van contra mi propia libertad. Desde el momento que soy capaz de escuchar cuando hablo, y darme cuenta, de que me estoy dando cuenta de cómo hablo, y cambiar mi manera de hablar, y que tomo conciencia de lo que lanzo al mundo. Ahí está la paz, la de dentro a afuera, y no de fuera a dentro, para que yo pueda ser lo que soy realmente, para lo que yo he sido enviada a este planeta tierra, la paz entre lo que digo y lo que hago.

La congruencia

La congruencia se da cuando asumes plenamente un compromiso consciente e inconsciente con un objetivo o comportamiento determinado. Comer correctamente y mantener el peso adecuado e fácil si «todas las partes» de ti quieren hacerlo, si utilizas la fisiología adecuada y si tienes unas buenas estrategias para seleccionar y consumir alimentos. En cambio, resulta muy difícil si teme que comer de un modo sano reducirá tu disfrute de la vida.

La Incongruencia

La incongruencia es a menudo la causa de que algunos comportamientos sean muy difíciles de cambiar. Cuestiones como fumar, beber, reducir peso, etc. Son problemáticas porque una parte de ti quiere cambiar, pero otra parte (a menudo inconsciente) obtiene algún beneficio positivo del comportamiento que pretendes cambiar. Por ej. Una mujer puede tener dificultades para perder peso porque teme que, si lo pierde, los hombres se sientan atraídos hacia ella y eso le produciría ansiedad.

Los conflictos internos (incongruencias) adoptan muchas formas. Puede haber problemas de congruencia entre lo tu deberías hacer y lo que quieres hacer. Por ejemplo, quizás pienses que deberías dejar las drogas porque es perjudicial para la salud, pero en realidad quieres seguir tomándolas porque es lo único que te hace ser rebelde de esta sociedad.

Las creencias «no puedo» son más difíciles de identificar que las «debería», porque la persona se está diciendo: «Si quiero hacerlo, pero es que no puedo». La persona parece ser perfectamente congruente (se lo parece sobre todo a ella misma), pero algo le impide hacer lo que quiere. Por lo general, a la persona le parece que es saboteada desde el interior (surge el «terrorista»). Las creencias «no puedo» suelen proceder de improntas inconscientes.

¿Cómo trabajar con las creencias?

Por ejemplo, creo que estar en mi peso es muy difícil. Empezaremos a hacernos una serie de preguntas. ¿Qué ocurriría si volvieras a ser esbelta? ¿Qué te lo impide? ¿Qué dice acerca de ti el el hecho de que no hayas sido capaz?

¿De dónde viene? ¿Dónde lo he aprendido? ¿Dónde lo he visto? ¿Cómo se materializa en mi vida? ¿Cómo lo provoco? ¿Cómo lo busco?, ¿qué te dijeron en tu infancia? ¿Qué escuchaste decir a tus padres o seres cercanos sobre ti? ¿Qué creencias adoptaste como tuyas? ¿Qué ideas tenían otros de ti y te creíste? Recordar que la etapa de la infancia es la de la credulidad. Si sólo escuchaste, «tú eres mala», probablemente trataste de alcanzar tu modelo de bondad hasta un extremo que no dejases fluir tu vida. ¿Y que es para ti ser mala? Contestar, gritar, decir lo que piensas, etc., y así no vives la vida tal y como es, sino desde el personaje que te crees.

Pero todo lo que reprimimos en el inconsciente está queriendo todo el tiempo salir al exterior para descargarse, pero nuestra mente consciente lo impide mediante un tremendo esfuerzo.

Porque fíjate cuantas oportunidades nos da la vida en un momento determinado, en un segundo de cambiar la dirección de los acontecimientos. Esos ligeros movimientos son como las maniobras cortas en la conducción de un coche, yo voy con un volante recto, pero si lo muevo mínimamente voy a otro lugar.

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