Creencia de apertura

Creencia de apertura

Definir una creencia generadora,  de apertura. «El todo es cambiar».

Un cuestionamiento del vínculo. ¿Qué es una creencia generadora, de apertura? ¿Cómo se construye?, ¿Cuáles son los criterios?

Lo que crea una creencia limitante —insistamos en ello— son los vínculos de igualdad o de implicación. Dado que es la calidad del vínculo lo que caracteriza a la creencia limitante, lo que definirá a la creencia de apertura y generadora es el cambio de vínculo.

 Los vínculos

Definir una creencia de apertura es cambiar el vínculo, arbitrario y rígido, por formulaciones más flexibles, más matizadas:

  • — puede ser,
  • — es posible,
  • — a veces, en ciertos contextos,
  • — en algún momento,
  • — hasta hoy,
  • — en este lugar,
  • — algunas personas,
  • — una parte de mí,
  • — etcétera.

 El motor

Transformar nuestras creencias limitantes significa cambiar el motor de nuestra vida, de nuestro pensamiento, de nuestras decisiones. El motor «tengo que, debo…», que es un motor de dificultad, de obligación, y que consiste en alejarse de los problemas, de lo negativo, del pasado, va a convertirse en la creencia de apertura, en un motor que toma la dirección del potencial futuro, de lo positivo, de las soluciones, etcétera.

Los términos que expresan esta apertura son, por ejemplo: «puedo, es posible, me permito, tengo ganas de, es agradable…». Así, la impresión de todo o nada se vuelve más matizada, la rigidez deja su lugar a la flexibilidad, y la exclusividad del todo o nada se abre para ir hacia más opciones. «Todos los hombres, todo el tiempo» se convierte en «algunos hombres, en ocasiones sí y en ocasiones no», lo cual abre posibles opciones y nuevas conductas.

De hecho, el aspecto general, impersonal, semejante a una ley: «todas las mujeres son distraídas», se convierte en personal: «todas las mujeres que conozco, bueno, la mayor parte, hasta hoy, son con frecuencia distraídas».

Como hemos dicho, la creencia limitante no tiene en cuenta lo real, sino que lo reemplaza. Es un instante cristalizado. Después del cambio, la creencia se adapta al exterior y a nuestras necesidades interiores.

Ya sea de manera progresiva o más brutal, la actualización de una creencia generadora se acompaña a menudo de una impresión física. Las sensaciones se modifican, se aligeran; el cuerpo se distiende, se dinamiza; el tórax se abre. De hecho, lo que nos parecía reactivo al aspecto limitante de la creencia (bloqueado, rígido, tenso) se metamorfosea, y esta vez se convierte en reactivo a las nuevas perspectivas de la creencia de apertura.

En realidad, no hay otro vínculo entre esos dos objetos más que el que construimos nosotros mismos’. Y podemos etiquetarlo de otra manera, intentar modular ese vínculo, impugnarlo, transformarlo e introducir flexibilidad en él.

En lugar de utilizar operadores modales («tengo que») y cuantificadores universales («siempre», «todo el mundo», «todo el tiempo»), con sus características extremadamente rígidas, la proposición se enuncia así: «se puede», «a veces», «quizá», «una parte de mí», «de vez en cuando»…

Cubrir el territorio de la antigua creencia

La siguiente pregunta, indispensable, es saber si la creencia de apertura reemplaza de manera total y verdadera a la creencia limitante.

Tomemos un ejemplo:

«Todos los hombres son siempre hostiles y peligrosos,  y yo tengo necesidad de ser amada por un hombre  para poder amarme a mí misma».

La creencia de apertura y adaptativa no podría ser:

«Todo el mundo me ama y yo soy admirada por todo el mundo».

Porque esto no tiene nada que ver con la creencia limitante, y no cubre en absoluto el territorio de esta creencia.

Es el mecanismo de generalización y la discrepancia lo que sostiene a la creencia limitante que debe ser cambiada al transformarla en creencia de apertura.

«Todos los hombres son siempre hostiles».

En esta creencia hay que cambiar los «todos» y los «siempre». La formulación podría ser:

Algunos hombres, en ciertos momentos, en parte y en ocasiones,  son agresivos y en otras ocasiones no lo son».

Esta formulación es mucho más de apertura; sin embargo, no está todavía completa. Dado que no cubre ni concierne sino a uno de los extremos de la creencia que el sujeto quiere cambiar; su acción es parcial. Recordemos su formulación anterior, completa:

«Todos los hombres son siempre hostiles y peligrosos  y yo tengo necesidad de ser amada por un hombre  para poder amarme a mí misma».

La segunda parte de la creencia limitante también debe ser transformada para liberar por completo al sujeto. Si solo actuamos en una parte de la creencia, es probable que solo ayudemos a una parte del sujeto en su proceso de evolución; el sujeto debe encontrar una creencia que recubra por completo a la creencia antigua, como por ejemplo:

«Algunos hombres, en ciertos momentos, en parte y en ocasiones,  son agresivos, y en ocasiones no lo son, y que yo sea amada o no  por un hombre es independiente del amor que yo sienta por mí  misma. En otros términos: tanto si un hombre me ama como si  no me ama, yo puedo amarme o no a mí misma».

Comprendemos ahora la medida en la cual la nueva creencia re-emplaza la totalidad de la precedente, es decir, hace imposible e in-compatible la presencia de la creencia precedente. Tú pasas la noche con alguien o la pasas sola. Para ir de un punto a otro, puedes tomar tal medio de transporte o cualquier otro. Sin embargo, no puedes estar al mismo tiempo en un automóvil en la tierra y en un avión en el aire? Puedes creer que todos los hombres son siempre peligrosos o puedes no creerlo?.

La creencia de apertura está adaptada a la realidad. Creencia y contracreencia

Una creencia generadora nunca es un sueño o un delirio. Está adaptada a la realidad.

Para retomar uno de los ejemplos anteriores: «Todos los hombres son siempre benévolos y están llenos de amor» sería una creencia poco generadora. Esta formulación es tan limitante como la creencia de salida («Todos los hombres son peligrosos»). Creer lo anterior significa mantenerse en una forma de pensamiento de todo o nada, estructurada con base en cuantificadores universales: «todos los hombres», «siempre» (y/o en operadores modales). Es una nueva creencia limitante, dado que la realidad es un muestrario en movimiento continuo y adaptado al eterno movimiento emocionante de la vida.

«Todos los hombres son siempre benévolos y están llenos de amor» es una contracreencia, una reacción que formulamos en ocasiones debido a nuestro deseo de cambiar de creencias y que nos hace pasar de una pesadilla a un delirio de niñita con ropa floreada, de ojos azules que giran hacia las nubes. Cambiamos, en efecto, un término por su opuesto: «hostiles y peligrosos» se convierte en «benévolos y llenos de amor». Pero, de hecho, no es más que un sueño, un delirio, una mentira, un capricho que el terapeuta no debe provocar. Esta formulación es inadecuada por completo, tan desconectada del principio de la realidad como la precedente.

Cuando se trabaja con creencias limitantes en terapia, a menudo los pacientes oscilan entre creencia y contracreencia, y la creencia de apertura está debajo de ese cruce entre la creencia y la contracreencia.

Creencias limitantes

  • Cuantificadores universales: siempre, jamás
  • Operadores modales: tengo que
  • Todo o nada
  • Rígida
  • Exclusiva
  • General, universal
  • Cristalizada
  • No sometida a la realidad: adivino que…
  • No tiene en cuenta las diferentes partes de la personalidad

Creencia de apertura

  • Contextualizada: en la casa…
  • No obligatoria: yo puedo…
  • Flexible: hasta ahora, una parte de mí…
  • Flexible
  • No exclusiva / elecciones
  • Personal
  • Adaptativa
  • Sometida a la realidad: observo que…
  • Ecológica

«Ahí donde se concentra mi atención, la energía surge».

¿Qué has aprendido sobre ti mismo, sobre tus creencias, sobre la manera en que tus representaciones de ti mismo y del mundo dan forma a tus experiencias y colorean tus emociones? ¿Qué cambios habrán comenzado a desarrollarse en ti? ¿De qué manera o en qué terrenos aplicarás lo que has encontrado interesante en este libro? Dentro de unos minutos cerrarás este libro, nosotros nos alejaremos y tú te encontrarás contigo mismo; tú y el mundo, tu mundo.

¿Creer o no creer…?

Por nuestra parte, el trabajo de búsqueda, de reflexión y de práctica que esta obra ha requerido nos ha guiado hacia una nueva frontera. A un lado, el mundo de las creencias estructuradas, organizadoras, tanto limitantes como generadoras; al otro, el espacio infinito de la vida o, más bien, de la relación directa con la vida «fuera de la creencia»; sin embargo, ¿será posible alcanzar una experiencia pura, inmediata y sin intermediarios, desnuda de todo pensamiento necesario, de toda representación?

Como has podido ver en esta obra, muchas de nuestras creencias son desconocidas para nosotros, son inconscientes. Podemos decir que el conjunto de hechos que nos suceden todos los días es justo lo que nosotros creemos. Pero estas creencias suelen estar ausentes de nuestra conciencia ordinaria. Si tomamos la decisión de ser conscientes de nuestras creencias, estas emergerán y lograremos identificarlas. Una vez que lo hagamos, nuestros conceptos serán cada vez más claros, como cuando salimos de una zona con bruma, y podremos entonces decidir creer o no creer en lo que se nos presenta.

 La hipótesis que hemos sostenido a lo largo de estas páginas es que, en última instancia, el gran ilusionista no es otro que nosotros mismos.

Estamos multicondicionados. Nuestro espíritu es manipulado, nuestro juicio, influenciado, desviado, pervertido, ensuciado, por un conjunto de circunstancias; quizá también por un error de etiqueta, y lo que es más grave aún, tal vez «por otra persona».

Hablamos de una creencia, nada más que eso. Pero la creencia genera una distancia entre tú… y tú’. Entre el «yo observador» y el «yo que siente». La creencia toma el lugar de tu opinión y te roba tus verdaderas emociones.

En ocasiones, esta creencia se manifiesta bajo la forma de un pensamiento interno que le habla al sujeto. Son frases enunciadas en segunda persona. Comienzan por «tú» y no por «yo»; por ejemplo: «no debes hacerlo», «es demasiado bueno para ti», en lugar de «no debo hacerlo», «es demasiado bueno para mí».

            Elige un recuerdo personal preciso, que todavía sea doloroso, y deja llegar de manera espontánea la palabra que califica y que define esta experiencia: calamidad, desgracia, sufrimiento, mala suerte, etcétera.

            Visualiza a la vez el recuerdo y su etiqueta, como un cuadro con el título colocado abajo.

            A continuación, de una lista de nuevas etiquetas, decide las que sean de apertura, agradables («oportunidad para crecer», «símbolo de sabiduría», «manifestación de lo absoluto», «guiño del ojo de Dios», «mensaje secreto», «prueba de mi valor», etcétera).

            Visualiza tu recuerdo y coloca, una a una, cada etiqueta nueva debajo del cuadro.

            ¿Cuál es, con cada una de las etiquetas, tu emoción, tu impresión? ¿Cuál de todas es la más estimulante, la más útil, la que mejor se adapta?

            Permanece algunos instantes con tu recuerdo y la etiqueta agradable y de apertura que has elegido.

            Vuelve a realizar esta asociación (recuerdo / etiqueta buena) varias veces al día durante al menos tres semanas.

Con objeto de que la experiencia se convierta en una meta experiencia, es decir, en una experiencia que englobe a varias y las rebase, utiliza en múltiples ocasiones este protocolo para otros recuerdos negativos. En un momento determinado se instalará en ti una meta-creencia, una creencia que engloba y rebasa a muchas creencias. Esta creencia será:

«Es posible cambiar de creencias; uno jamás puede estar seguro de manera definitiva del sentido que se le da a un hecho».

Esta manera de cambiar la etiqueta —y, por lo mismo, el sentido—de un acontecimiento se llama en programación neurolingüística (PNL) reencuadre. Algunas personas saben hacerlo de manera natural. Yo me formé de esa manera o con esa habilidad y se lo agradezco a mi madre, porque es una facultad que me acompaña cada día, un recurso permanente, un joker o comodín en la vida.

Encuentra una experiencia triste, dolorosa.

Hazte esta pregunta: «¿Qué es lo que voy a aprender gracias a esta nueva experiencia? ¿Qué aprendizaje voy a vivir que no habría podido adquirir si las cosas no hubieran sucedido de esta manera, y esto en múltiples áreas en mi vida?

«Damos las gracias a los laboratorios farmacéuticos, que nos han ayudado a fortificar nuestra autonomía como practicantes al negarnos activamente su ayuda». Y citó a los laboratorios. He aquí un bello ejemplo de reencuadre.

No olvidemos jamás que las opiniones son conclusiones sacadas de la experiencia. Compartir tus experiencias permite al otro sacar sus propias conclusiones.

A partir de ahora, compartamos nuestras experiencias, no nuestras conclusiones.

Has leído nuestras experiencias. Saca tus propias conclusiones.

No nos creas a nosotros. Cree en ti.

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